lunes, 11 de diciembre de 2006

La revolución bolivariana cuesta un Potosí

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA CUESTA UN POTOSÍ


La revolución bolivariana es costosa. Al cierre del tercer trimestre el
Gobierno erogó 27 mil millones de dólares para atender el aumento del gasto
que se viene registrando desde mediados de 2003. Ese monto representa el 79%
del presupuesto previsto para este período de 32 mil millones de dólares.

Las cifras del Banco Central de Venezuela muestran que el Ejecutivo hasta
septiembre de este año gastó 31% más que en el mismo período de 2004, y ello
fue posible por el incremento de los ingresos en 57%. Buena parte de los
ingresos ordinarios se han logrado debido a los elevados precios petroleros
que se registran en los mercados internacionales.

La cuentas del Gobierno rebosan. El fisco percibió en nueve meses 34 mil
millones de dólares. Los ingresos petroleros fueron 15 mil millones de
dólares , 86% más que el pasado año. Por su parte los ingresos tributarios
fueron 25,9 billones de bolívares, registrando un aumento de 72% en relación
al 2004.

¿Esto es el boom económico que fundamenta los gestos de "solidaridad" de
Chávez en toda América? Aurelio Useche, analista venezolano, piensa que los
datos que presenta el Gobierno de Chávez son engañosos: "Los resultados
económicos del año 2004, recientemente publicados por el BCV, señalan que el
PIB, si bien creció en una importante proporción, 17 %, la magnitud del
mismo alcanzó el nivel de producción de bienes y servicios del año 2001.
Cifra ésta que se aproxima a los 100.000 millones de dólares. Pero, si
indagamos cuanto era el PIB para 1983 año del Viernes Negro, nos encontramos
que éste rondaba alrededor de la mágica cifra de los 100 mil millones de
dólares. En otras palabras, Venezuela tiene un período, ya muy largo de 22
años, sin crecimiento económico. La población ha aumentado, en cifras
redondas, en unos 10 millones de habitantes, lo cual se ha traducido en una
reducción drástica del ingreso por habitante. De allí los altos niveles de
pobreza".

Los fondos erogados en gran parte de han destinado a los pagos de
remuneraciones de los trabajadores del sector público. El Ejecutivo Nacional
tiene dos nóminas que mantener, la tradicional que abarca a los ministerios
e institutos públicos y la paralela surgida con las misiones. Los datos
semanales del Ministerio de Finanzas muestran que 17% de los egresos de
Tesorería fueron para remuneraciones. De manera que para los pagos
salariales se erogaron 2,5 mil millones de dólares. Mediante créditos
adicionales se han autorizado 3 mil millones de dólares justamente para
obligaciones con los empleados de la administración central y
descentralizada.

El resto de los fondos erogados por la Tesorería fueron para transferencias
a gobernaciones y alcaldías y gastos de los entes del sector público. Una
parte de las operaciones que ha avalado el Parlamento también ha sido para
cubrir deficiencias presupuestarias de ministerios y entes públicos, atender
los gastos de las misiones y permitir la constitución de empresas e
instituciones financieras del Estado.

Los analistas señalan que el comportamiento de los egresos del gobierno
central demuestran que han sido más para gasto corriente que para inversión.
Los fondos programados para inversión directa este año fueron 7 mil millones
de dólares que representa solamente 20% del presupuesto de este año.

Para el 2006 se contempla un gasto de 40 mil millones de dólares y apenas se
destinará a la inversión 20% de los egresos; es decir, 8,6 mil millones de
dólares.

Perspectivas

Paralelamente, el Estado deberá asumir programas de expansión y mejoramiento
de la infraestructura de transporte, agua, energía eléctrica y equipamiento
físico en general. Y quizás de enorme significación, programas de educación
y adiestramiento a esa gran masa de población que no tiene ocupación y no
está entrenada para trabajar.

Al igual que sucede en el sector petróleo, los ahorros nacionales no serán
suficientes para el financiamiento de la inversión en los sectores privado y
público, por lo cual será indispensable, igualmente, la obtención de
recursos externos de capital. La historia de estos 22 años de
empobrecimiento, desde el Viernes Negro a esta fecha, está asociada a estos
los cambios radicales en los precios del petróleo y a la poca o casi ninguna
capacidad del país de atenuar estos efectos. Por ello, a Venezuela se le
considera como un país de alto riesgo. En otras palabras, el modelo rentista
ha colapsado.

Incertidumbre política

Los ya seis años de gobierno de Hugo Chávez como presidente de Venezuela
pueden calificarse, en el mejor de los casos, como una bancarrota para el
contribuyente venezolano. Sin lugar a dudas, las prebendas a los sectores
populares le han granjeado su apoyo al populismo de Chávez, pero éste es
rechazado en forma casi generalizada por las clases medias y altas y por la
gran mayoría del sector empresarial, que son quienes están pagando la
"fiesta del chavismo".

Demetrio Sodi de la Tijera dice: "De no ser por esos recursos de petróleo
extraordinarios, la economía venezolana estaría pasando por una situación
crítica, y seguramente la popularidad de Hugo Chávez no estaría en los
niveles en que se encuentra. En los últimos años ha habido grandes salidas
de capital privado, y la economía se ha podido recuperar en estos dos años,
después de una caída de casi 20%, sólo por los altos niveles de consumo que
permiten los ingresos petroleros.

Más allá de las consecuencias económicas de las políticas del presidente
Hugo Chávez, su discurso y proclividad a la confrontación verbal han
provocado una ruptura social y una división nacional que tardará muchos años
en zanjar.
(datos del periódico "El Universal")

Alvaro Kröger

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