lunes, 11 de diciembre de 2006

La farsa de un mono bananero

LA FARSA DE UN MONO BANANERO





El 15 de diciembre de 1957 Pérez Jiménez trató de prolongar su mandato mediante un plebiscito que resultó una farsa.

Es el paralelo histórico más cercano con lo ocurrido el pasado domingo. La jugada de Pérez Jiménez fue ilegítima porque ningún sector representativo se prestó a convalidarla; porque estaba antecedida por el fraude del 30 de noviembre de 1952 y porque sólo procuraba darle aliento legal a la dictadura.

Chávez nunca pensó que sectores de la oposición (que habían asumido las elecciones como un voto de castidad) lo dejarían solo en el terreno.

Tampoco podía imaginarse que días antes apareciera el cuerpo del delito de la trastada fraudulenta del 15 de agosto del 2004.

Pérez Jiménez y Chávez tienen en común la vocación dictatorialista, militarista y la convicción que con el uso de las armas es posible gobernar indefinidamente. Este hecho me lo comentaba anoche , una amiga italiana recién llegadita, que era lo que estaba diciendo el Partido Comunista Italiano en su periódico.

Pero Chávez exalta, además, su revolución sobre la base de un férreo anclaje popular, que ahora vemos que ni es tan férreo ni tan buen anclaje.

Por eso, seguramente, no hizo lo que todo gobernante por pragmatismo suele hacer en estas circunstancias: negociar condiciones que garanticen la pluralidad del evento electoral.

Usó, en cambio, la carta suicida de jugar con el caballo del comisario. Ello marcaba los resultados de la consulta con la sombra de la ilegitimidad.

Y ese hecho estigma la nueva Asamblea Nacional también pesará en todos los poderes derivados de ella y configura en la práctica una exclusión constitucional al dejar de lado la composición del electorado y la sociedad. Cuando menos, ello implicará dificultades de gobernabilidad que no siempre se traducen en inestabilidad pero que bloquean el margen de maniobra necesario para manejar el poder, mucho más aún en el cuadro de polarización política y social venezolano.

La apuesta de Chávez fracasó estruendosamente. La abstención sideral que registró la votación (que en otro contexto tendría que ser repartida en el conjunto de los electores), ahora es atribuible exclusivamente al campo oficialista. Con ese magro nivel de participación no será posible gobernar sin negociaciones ni consensos y resultará absolutamente imposible la empresa de construir un nuevo modelo de naturaleza socialista. Pero el mono bananero no se ha dado cuenta de esto y seguirá como si lo que ocurrió no hubiese ocurrido: ya lo hemos dicho, con las bayonetas se pueden hacer muchas cosas, menos sentarse en ellas.

El sistema electoral, ya maltrecho, queda herido de muerte.

En los próximos meses en casi toda América Latina se celebrarán elecciones presidenciales y legislativas. ¿Cuántas de ellas se realizarán sin la presencia de gobierno y oposición?
Aquí quedará de nuevo en evidencia la inmensa ilegitimidad del régimen bananero y la tarea tramposa que cumplió en los últimos meses una caricatura de Poder Electoral. ¿Qué hará el mono? Nadie duda que todavía tiene capacidad para avanzar en su proyecto autocrático pero de ahora en adelante lo intentará en condiciones de desventaja y a un costo que la mayoría de los venezolanos demostró que no está dispuesto a pagar pasivamente. Lo que tiene el mono bananero en este momento es una dictadura, con una pequeña capa de barniz pseudo-democrático avalado por una manga de cretinos que no se animaron a decir la verdad. Es posible que efectivamente, como dijo el portugués representante de la ONU, que no hubo fraude electoral; pero lo que no dijo fue que el 80% de los venezolanos no votaron.
Creo que esto es muchísimo más importante que la existencia de un fraude.

Pérez Jiménez sobrevivió apenas mes y medio a su plebiscito.

Este no tiene por qué ser el destino del mono bananero, pero después del 4 de diciembre el dictador se coloca en un terreno movedizo que lo emplaza a rectificaciones, contramarchas y que no lo exime tampoco de impredecibles conflictos.

Los niveles de ausentismo oficialista también sirvieron para que algunos incrédulos conocieran cómo se comen ciertos artículos del CNE y los trastornos estomacales que éstos suelen producir en ciertos aprendices de autócratas.

Alvaro Kröger

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